José María Nieto Gómez para SZauto:
Continuamos con el otro protagonista de esta comparativa entre lo mejor de Italia y Alemania durante los 80. Un modelo que implicó un desarrollo tecnológico que Porsche tardó más de una década en reeditar en un modelo de calle.
Porsche 959 – El súper 911
A mediados de los 80 su diseño causó sensación, sin embargo hoy en día, salvo la larga trasera y los pasos de rueda, no resalta demasiado, especialmente si se le compara con su radical competidor. Quizá sea por su diseño redondeado y fluido, que contrasta con la carrocería llena de aristas, tomas de aire y agresividad del italiano. O bien porque su línea era muy similar a la del 911 de entonces, la cual ha sido continuista en cada generación hasta nuestros días.
La alta demanda hizo que se fabricaran 268 unidades de las 200 inicialmente previstas necesarias para la homologación en el Grupo B. Con un precio de 200.000€ de la época, la lista de espera de varios años hizo que se revalorizara. Sin embargo, y a diferencia del F40, actualmente se cotiza al mismo precio que se vendía nuevo. Debido a que era una máquina muy compleja y avanzada para la época, la inversión tecnológica le supuso a Porsche que cada venta no cubriera ni la mitad del coste de fabricación.
El motor está derivado del usado en los 956 y 962 de competición. Es un 6 cilindros bóxer de 2.85 litros realizado en aluminio, bielas en titanio y lubricación por cárter seco. Los dos turbos KKK combinados llevan la potencia a 450 cv. Para entender el reto que supuso construir este coche basta decir que el 911 de la época rendía 231 cv.
Además de un motor sensacional, Porsche lo dotó de un sistema de tracción total variable que reparte la potencia entre el eje delantero y el trasero, configurable tanto electrónicamente como por el conductor, con configuraciones para seco, lluvia, tierra y nieve. Denominado PSK (Porsche Steuer Kupplung), este sistema supone la verdadera revolución aportada por este automóvil:
- En condiciones normales el reparto de par es de 40% delante y 60% detrás, el mismo reparto que la distribución de peso del coche.
- Bajo aceleraciones fuertes, el sistema traslada el 80% del par a las ruedas traseras, para aumentar la tracción.
- En superficies deslizantes el reparto se varía hasta el 50% a cada eje.
Vemos por tanto que es un sistema al tener en cuenta múltiples factores (grado de aceleración, ángulo de giro, fuerzas G, presión del turbo, etc.) proporciona un capacidad de tracción muy superior a cualquier otro sistema de tracción integral de la época. De hecho fue el usado en el Carrera 4 de la siguiente generación del 911.
Caja de cambios de seis velocidades, suspensión de doble amortiguador por rueda regulable en altura desde el habitáculo, 51% de la carrocería hecha de materiales compuestos, llantas de magnesio, neumáticos Run-flat con control de presión… hasta lavafaros. La diferencia en tecnología y equipamiento con respecto al F40 es abismal. Se realizaron dos versiones: “Komfort” y “Sport”. Esta última prescinde de varios “lujos”: elevalunas eléctricos, asientos sin regulación eléctrica, aire acondicionado, regulación de la suspensión, menos amortiguación del ruido reduciendo capas de material aislante, eliminando 59 Kg. respecto a la versión Komfort. Esta variante destinada a los conductores más exigentes se ofreció puesto que, con líquidos incluidos, resultaba pesado en comparación con la competencia debido, principalmente, al complejo sistema de tracción.
Abrir la puerta de aluminio te lleva a un interior muy parecido al 911 de entonces. La misma sensación te invade al arrancarlo. Al ser más estrecho es más cómodo que el F40 circulando en tráfico normal, ayudado también por una palanca de cambios más suave y la dirección asistida. Y sí, también tiene elevalunas, a diferencia de las manivelas del italiano.
En carretera abierta, acelerar al máximo desata la bestia que lleva dentro. El primer turbo sopla desde abajo del cuentavueltas para dar potencia en toda la banda de revoluciones, mientras que el segundo turbo se une a la fiesta a 4500 rpm, resultando en un empuje brutal que te pega al asiento como solo la sobrealimentación puede hacer. No hay rastro del incómodo retardo en la entrada del turbo, igual que en un 911 Turbo de hoy día. Todo esto con un ruido poco intrusivo que te permite plantear un uso continuado sin que se resienta tu cabeza.
El 959 se siente una década por delante del F40, a pesar de no ser tan rápido en manos expertas. Quizá sea porque es muy refinado y la electrónica ayuda a corregir el “vicio” típico del 911, esto es, la sensación de flotabilidad del morro en cambios de apoyo y curvas a alta velocidad debida a que la mayoría del peso se sitúa en el eje trasero. Es meritorio, porque los 350 Kg. de más que pesa con respecto al Ferrari solo se notan con el crono en la mano. Además, tras varias frenadas intensivas el Porsche hace honor a la fama de la marca y deja en evidencia el punto débil del italiano.
Cabeza o corazón
¿Cómo se sienten estos supercoches en la actualidad? Ambos son impresionantemente rápidos. De hecho, no fue hasta 2001 cuando con el 911 GT2 Porsche igualó la potencia del 959 en un modelo de calle. Y hasta 1995 con su sucesor, el F50, el F40 fue la punta de lanza del cavallino rampante.
Quizá el F40 fue un ejercicio lucrativo para aprovechar los desarrollos llevados a cabo en el 288 GTO “Evoluzione” y Porsche quiso demostrar de lo que su ingeniería era capaz. Fueron creados para rivalizar el uno con el otro, pero no pueden ser más opuestos. El F40 es un kart ruidoso, que cruje y retumba. El 959 es una máquina racional inmensamente capaz, pero quizás un poco artificial al no implicar en exceso al conductor dejando a la electrónica el control. Y aparcados el uno al lado del otro no hace falta decir cuál será el más fotografiado. En el siguiente video puedes disfrutar de ambos:
El F40 es perfecto para disfrutar un domingo en un circuito, el único sitio donde se puede exprimir sin temor. Te hace sentir piloto desde que lo arrancas y es por eso por lo que, a pesar de haber muchas más unidades, se cotiza a más del doble que el 959. En autovías el alemán es más capaz que el italiano, y no te machacará el cuerpo en un viaje largo. Sin embargo, Porsche ya superó todas las cualidades del 959 con el 997 Turbo, por lo que al 959 le queda el aura de lo que fue. El F40 es tan radical en su concepto y terminación que es impensable que Ferrari (o cualquier marca) se plantee fabricar algo así hoy día. Es por esto por lo que, aunque muy superado en prestaciones puras, seguirá siendo único y mítico para muchos aficionados.
Dimensiones
Longitud: 4260 mm Anchura: 1840 mm Altura: 1199 mm Peso: 1450 kg (Komfort)
Coeficiente aerodinámico
Cx: 0.31
Motor
2849cc DOHC Bóxer 6 cilindros, cuatro válvulas por cilindro, inyección indirecta Bosch Motronic, dos turbos KKK, lubricación por cárter seco
Potencia / Par
450 cv a 7000rpm / 500 Nm a 4000rpm
Transmisión
Manual de 6 velocidades, tracción total
Suspensión
Triángulos superpuestos, muelles helicoidales, amortiguadores telescópicos y barras estabilizadoras en ambos ejes
Frenos
Discos ventilados de 322 mm en el eje delantero, 304 mm en el trasero.
Ruedas
Delanteras: 8×17 (235/40 ZR 17). Traseras 9×17 (255/35 ZR 17).
Prestaciones
0-100 km/h en 3.6 seg, velocidad punta 300 kmh
Consumo
8.1 /9.5 / 17.3 litros a los 100km 90km/h / 120km/h / urbano






























































