Miguel Á. Gálvez de SZauto:
A veces leer sobre la historia del automóvil te lleva a encontrar casos muy curiosos. Si el otro día os hablaba de las celebraciones por el 125 aniversario de la primera patente del automóvil hoy quiero dar un giro y contaros la historia de la primera persona asesinada a balazos dentro de un coche.
En 1904, los estadounidenses consideraban al automóvil como un artículo fruto de la novedad más que de un modo viable de transporte. Estos ”carros motorizados” eran impresionantes, pero poco prácticos: su intrincada maquinaria era propensa a romperse y las ruedas dañadas fácilmente por los caminos sin pavimentar. Cuando Horatio Nelson Jackson terminó su modelo y lo publicitó por todo el continente en 1903, se sugirió que el automóvil podría ser algo más que una moda o un pasatiempo de ricos. Pero pasarían años antes de que los coches sustituyeran a los carros de caballos por las calles y carreteras del mundo.
En la mañana fría y gris del 19 de noviembre de 1904, el automóvil adquirió un nuevo uso un tanto siniestro. Un joven chofer de Chicago se convirtió en la primera víctima de asesinato dentro de un coche, modus operandi adoptado más tarde por la mafia en la década de los años ´20.
Hacia las nueve de la noche del 18 de noviembre de dicho año el señor Dave entró en el vestíbulo del Hotel Auditorium con su gabardina marrón y su corbata roja brillante. Tras registrarse solicitó un coche a la operadora Eddie Slavin.
A los veinte minutos un vehículo verde oscuro se detuvo ante el hotel. Un tal John William Bate Junior de 21 años era su chofer él cual, gustosamente, acompañó al señor Dave a acomodarse en el asiento de atrás.
“Billy” Bate, como lo llamaban sus amigos, era un universitario que había venido a Chicago para trabajar como chofer. Su padre, John Bate, fue superintendente de la Mitchell Motor Car Company en Racine, pero el joven Bate no estaba interesado en seguir sus pasos. Billy había sido chofer privado de varios señores ricos durante el 1903 pero hacía poco, había empezado a formar parte de una empresa de transporte. El pronto desafortunado chofer accionó la manivela para arrancar tan digna máquina y ambos desaparecieron por el sur de la avenida Michigan.
A las seis de la mañana del día siguiente, el granjero John Freihaus vislumbró desde lejos cerca de su propiedad un turismo estacionado. El señor Freihaus, corto de vista, distinguió la forma del conductor al que, creyéndolo ebrio, tiró de la manga para despertarlo. Al ver el poco efecto de su sacudida fue alarmado en busca de su hijo que habitaba la finca más próxima.
Lo que el viejo Freihaus por su falta de vista no logró ver como más tarde si hiciera su hijo es que el joven chofer Billy Bate permanecía agarrado firmemente al volante, con dos tiros en la cabeza y que la puerta exterior y el guardabarros del vehículo estaban llenos de sangre. Además, encontraron un casquillo de bala en un charco de sangre cercano al coche. Lo extraño es que Mr. Dave había desaparecido.
El forense Dr. Leahy estimó que la muerte había ocurrido de forma súbita, seguramente mientras estaba conduciendo ya que Bate se encontraba con las manos aferradas al volante y los pies en los pedales. Quien lo matara debió mover el coche luego por la forma que éste estaba situado al borde de la carretera.
El dueño de la empresa de transporte, creía recordar, por el libro de registro, que no era la primera vez que un tal Señor Dave alquilaba un servicio de chofer a su empresa. Respecto a Bate, el señor Canary, así se llamaba el empresario, aseguraba que era un joven honesto y sencillo y era poco probable que alguien tuviera especial interés en acabar con su vida.
El empresario tenía dos teorías. Según éste, no sería la primera vez que, después de una noche de fiesta y tras haber bebido, el cliente se niega a pagar la tarifa. Cuando esto sucede y el Chofer si está solo con el cliente detiene el motor y se niega a continuar, por lo que puede haber pelea pero lo que sucede por lo general es que el cliente recoge a alguien luego, da un nombre falso y tras no pagar, escudándose en su mayor número, se marchan dejando al chofer con poca o ninguna cantidad cobrada.
La segunda teoría del señor Canary es que el pobre Bate escuchó algo que no debiera, se puso nervioso y alguno de los pasajeros lo eliminó para que no arruinara sus planes.
Otro forense, afirmo que más de una persona había muerto en ese coche ya que el asiento trasero estaba lleno de sangre. Los agricultores locales y detectives peinaron la zona en busca de un nuevo cuerpo, incluso se buscó en el estanque cercano por si el cadáver o el arma habían sido tirados allí pero nada dio resultado. Lo extraño era que si habían asesinado al menos a dos personas por qué dejar un cadáver y ocultar el otro.
Más tarde, los detectives asignados al caso se enteraron que alrededor de las 10:30 de la noche, Bate y el Señor Dave habían visitado el Salón George Webourne en el Summit, en los límites de la ciudad de Chicago. Una hora más tarde el granjero John Seiler fue despertado por unos golpes en su puerta preguntando por una dirección. La señora Seiler declaró que desde su ventana vio a una mujer junto a dos hombres en el coche. Esto dio lugar a una teoría fugaz de que el Señor Dave era en realidad una antigua amante de Billy despechada y disfrazada para cobrar venganza.
Cada vez existían más y más teorías. La noticia se convirtió en todo un suceso de culto en la ciudad, el revuelo mediático fue importante y los granjeros de la zona pasaban horas leyendo periódicos y especulando sobre la autoría. Se llegaron a robar fotos de la familia Bate e incluso cartas de amor de cuando niño. Esta insistencia llevó a desenterrar el pasado del joven Billy y es que no había tenido muy buenas compañías. Aunque no se encontró nada que lo relacionara con algo turbio si era cierto que trabajó como chofer para Andy Craig, propietario de un burdel y adicto al juego y un no menos pez gordo llamado Ed Wagner. Los diarios llenaron páginas y páginas sobre estas historias.
El 30 de noviembre, un jurado de médicos forenses dictaminaron que el “difunto llegó a su muerte por shock, debido a las hemorragias internas ocasionadas por las balas en su cabeza”. El modelo del sangriento coche Toledo fue devuelto a la empresa. Ese día cientos de curiosos se agolparon en la puerta del negocio del señor Canary pretendiendo ver el automóvil como si de una atracción se tratase. Durante bastante tiempo el teléfono no dejó de sonar con peticiones de alquiler.
Nuevos datos llegaron a las libretas de detectives y periodistas. Parece ser que en la cercana ciudad de Romeo, la misma noche del asesinato, un tipo que encajaba en la vaga descripción obtenida del señor Dave había llamado a la puerta del Salón de Fred Boehm hacia las 2:30 de la madrugada del sábado. No obtuvo respuesta y el sospechoso señor se quedó acurrucado en un banco de la puerta hasta que la señora Boehm le recibió a las 6 de la mañana. La amable señora le ofreció una taza de café pero cuando éste, bastante agitado, exigió el desayuno no tardó en ser expulsado por el señor Boehm.
La pista del sospechoso continuó a las 7:30 de la tarde en el Hotel Fred Hauser donde, de manera nerviosa e incluso violenta, pidió de inmediato que se le diera una habitación. El sobrino de la señora Hauser acompañó al señor Dave a su habitación que aseguró quererse ir directo a la cama, en cambio, según declaró el matrimonio Hauser, Dave salió en seguida del hotel hacia la farmacia más cercana donde compró una botella de Benceno, presumiblemente para limpiar las manchas de sangre de su abrigo.
Tras esto, no volvió a salir de su habitación en todo el día hasta la noche, donde preguntó por donde poder ir a tomar una copa. Varios clientes del bar aseguraron que Dave no era ni capaz de sostener el vaso entre las manos de lo nervioso que estaba.
Al día siguiente, el agitado señor se acercó a una caballeriza donde trató de comprar un caballo que el propietario, debido a su nerviosismo y su pinta sospechosa no le quiso vender. Dave balbuceó que tenía dinero suficiente y mostró un reloj de oro de mujer como prueba.
Frustrado por la negativa, volvió al hotel donde pidió por fin algo de comer. La tranquilidad volvió a romperse cuando un policía uniformado llamó a la puerta. Al verlo desde la cocina, Dave salió disparado hacia su habitación. Al cruzarse con el joven sobrino le pidió que le trajera una copa. Éste, asustado, declaró ver como el sospechoso se llevaba la mano al bolsillo donde creyó ver dos revólveres. Al fin, el señor Dave huyó por la puerta trasera y desde entonces se le perdió la pista.
A finales de noviembre, las autoridades de Chicago recibieron el aviso de que un fugitivo llamado George Bridewell Hugg no sólo se parecía a la descripción de Dave, sino que también había utilizado el mismo alias en otra ocasión.
George W. Hugg era un ladrón y estafador de poca monta que había sido vendedor de periódicos. Apodado “El Chapo”, mantuvo un kiosco en Halsted y Monroe durante años. Luego desapareció. Cuando reapareció, llevaba trajes llamativos y afirmaba ser un médico, el Dr. Dave. Había sido arrestado varias veces en Mikwaukee, por vagancia y por robo que lo llevaron por un tiempo a la penitenciaría de Waupun en Wisconsin y luego a la de Bridewell de la que finalmente escapó.
Se repartió la foto de Hugg entre las personas que habían tenido contacto con él pero las opiniones eran muy dispares y no se podía asentar ni afirmar nada en claro. Además, Hugg nunca había tenido antecedentes homicidas en su expediente.
Entre otros de los sospechosos interrogados estaba el conocido estafador “Yellow Kid” Weil, con bastante parecido físico a Hugg. Las pruebas eran insuficientes para cargar sobre cualquiera de ellos. El paso del tiempo, el desvío de la labor y presupuestos policiales hacia otros casos más alarmantes dejaron sin resolver esta historia. El asesinato de William Bate Junior estaba condenado a no resolverse y solo sirvió de inspiración para los futuros gánsters de Chicago durante los siguientes años hasta el punto de que los granjeros de la zona ya caminaban por sus campos con el temor de encontrarse un cadáver acribillado a balazos o, es más, toparse con un par de gánsters deshaciéndose de alguno que aun estuviera vivo.
Esta historia sobre el primer asesinado dentro de un coche está sacada de uno de los libros de Rose Keefe, famosa escritora en Estados Unidos y que participa asiduamente en radio y televisión como especialista en la historia de los gánsters de Norteamérica.
Fuentes y fotos: BlogHemmings