Hablamos de los recuerdos y reencuentros con los coches de nuestra vida, daba igual las veces que nos dejaran tirados, eran nuestros
En esta sociedad de consumo hay cosas que sobrepasan esta fría relación de comprar y vender. El ser humano, por mucho que degenere en frivolidades y mercantilismos, tiende a estrechar lazos emocionales con cualquier persona, animal o cosa que pase por sus vidas y es que la racionalidad del hombre está basada en darle sentido a las cosas y, en no pocas ocasiones, de dotar de simbolismo a ciertos objetos que nos acompañan en nuestra vida.
Igual que recordamos con añoranza lo vivido en la mili o llenamos de recuerdos la casa de la que tenemos que mudarnos, el coche, para muchos, siempre ha sido un objeto de apego que va más allá del simple “cacharro con ruedas” que nos lleva y nos trae.
Con la excusa del vídeo que os ponemos más abajo, en la oficina de SZauto nos hemos puesto a recordar los coches de nuestra vida. Tirando de muy atrás, nuestro Gerente recuerda su primer coche, un Renault 12S de los ´80, eran los primeros años de conducción y aunque el coche ya tuviera su desgaste, la independencia de tenerlo alegraba mucho el día a día. El que suscribe recuerda uno de los coches de su infancia, tras tener el primer Ford Fiesta que la marca sacó en España y cuya tapicería de pelitos aun recuerdo, mi padre decidió comprar un coche “más robusto” con motivo de que la familia había crecido, tan robusto que se pasó y se hizo con un Peugeot 504 de segunda
mano al que llamábamos el tanque y en el que yo, ya casi “pubertoso”, me escondía agachado en el asiento de atrás para que mis amigos no me vieran avergonzado de ir en semejante lata motorizada. A principios de este mes, vi un Peugeot 504 superviviente en la concentración de clásicos del Salón del Motor que organizamos en Sevilla y me trajo tantos recuerdos, que pasó a parecerme el coche más elegante del mundo. Tras este, el coche del que mejor recuerdo tengo es el segundo que pasó por mis manos, mi Ford Orion TDi del 96, segunda mano, granate, enorme, dificilísimo de aparcar pero la de veces que se recorrió la provincia de trabajo en trabajo y demás aventuras “top secret” que solo os contaría entre cervezas.
Volvamos al vídeo. Todo esto es fruto de un vídeo que hemos visto a través de Carscoop donde nos cuentan esta bonita historia:
El residente en EEUU Herb Younger, es una de estas personas que como nosotros ha establecido lazos especiales con alguno de sus coches. Durante un par de décadas, el señor fue dueño de un Chevrolet Impala SS de 1965, el cual mantuvo hasta 1980, momento en que, obligado por los altos costes de la educación de sus hijos, tuvo que vender.
Lo que el señor Herb no esperaba era que dos décadas después sus hijos, Jared y Derek, pasaran cinco años, matrícula y número de bastidor en mano, buscando el apreciado vehículo hasta que lo encontraron en Canadá y, sorprendentemente, en perfecto estado.
Una vez hecha la compra (no nos dicen si les costó mucho convencer a su dueño), lo que vemos en este vídeo es el momento del reencuentro del sorprendido Herb con su antiguo coche mientras jugaba con sus nietos en el parque.
“El momento en que se da cuenta de que su coche ha regresado a él no tiene precio. Es un excelente ejemplo de la conexión emocional que muchas personas tienen con su Chevy,” dijo Chris Perry, vicepresidente de marketing global de Chevrolet. “La historia se está moviendo porque es la verdad.”
Esto de que la historia es verdad, no somos nadie para dudarlo, eso sí, el vídeo está un tanto ficcionado, muy casual y lumínicamente improvisado todo. Aun así como nos ha dado pie a echar un buen rato comentando coches agradecemos su realización y lo compartimos felizmente.
¿Y vosotros? ¿Cuáles son los coches de vuestra vida?
Dedicado a mi padre, mi más incondicional lector.
Fuente: Carscoop
Fotos: commons.wikimedia.org






















